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Por qué importa la incrustación de fuentes al pasar de Word a PDF
Guía

Por qué importa la incrustación de fuentes al pasar de Word a PDF

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El mismo archivo, dos aspectos distintos

Preparas un documento con cuidado, alineas los títulos, encajas la tabla perfectamente en la página. Envías el archivo y desde el otro lado llega una captura de pantalla con la pregunta: «¿a ti también se te ve así?». Las líneas se han desplazado, el título se ha partido en dos, la tabla se ha desbordado.

Detrás de esta situación hay casi siempre un único mecanismo: la sustitución de fuentes. Este artículo explica por qué ocurre la sustitución, cómo la evita la incrustación y qué decisiones determinan el resultado al pasar de Word a PDF.

Un documento de Word no lleva sus fuentes

El punto clave que hay que entender es este: un archivo .docx no lleva dentro las fuentes que utiliza. Solo lleva sus nombres.

Cuando tu documento indica «Calibri, 11 puntos», lo que se guarda dentro del archivo es ese nombre y ese tamaño. La información sobre cómo se dibujan realmente las letras no está en el archivo, sino en el archivo de fuente instalado en el sistema operativo del ordenador que abre el documento. Cuando Word lo abre, busca ese nombre en el sistema, lo encuentra y dibuja las letras en consecuencia.

Esta decisión de diseño tiene una razón sólida: las fuentes son productos de software protegidos por derechos de autor, y copiarlas en cada documento sería problemático desde el punto de vista de las licencias y derrochador en tamaño de archivo. Pero esa decisión hace que la portabilidad del documento dependa directamente de que la fuente esté disponible en todas partes.

Cómo ocurre la sustitución y por qué rompe el diseño

Cuando el sistema que abre el documento no encuentra la fuente solicitada, no da un error; usa en silencio la alternativa más parecida que encuentra. Este comportamiento parece razonable desde el punto de vista de la experiencia de usuario: al fin y al cabo, mejor mostrar algo que una página en blanco. Pero hace que el resultado sea impredecible.

El problema no es solo que «las letras se vean distintas». La cuestión de fondo son las métricas. En cada fuente, cada letra tiene su propia anchura. Si la letra «m» mide 12 unidades en una fuente, puede medir 13 en la sustituta. En una sola letra esa diferencia es insignificante; pero un párrafo contiene miles de letras.

Al acumularse esas diferencias, cambia la longitud total de la línea. Al cambiar la longitud de línea, cambia el punto en que el texto salta a la siguiente. Al cambiar los saltos de línea, cambia el número de líneas que ocupa el párrafo. Al cambiar ese número, se desplazan los saltos de página. Así, una sola fuente no encontrada puede romper todo el diseño de un documento de treinta páginas por efecto dominó.

Las tablas están especialmente expuestas a este efecto. Si el texto de una celda ya no cabe por las letras más anchas de la fuente sustituta, salta de línea, la celda crece, la fila crece y la tabla deja de caber en la página.

La solución del PDF: la incrustación

El PDF resuelve este problema haciendo lo que Word no hace: coloca la fuente dentro del archivo.

Cuando se realiza la incrustación, el archivo PDF lleva consigo las definiciones de caracteres necesarias para dibujar el texto. El programa que abre el archivo ya no busca en el sistema; usa directamente las definiciones que hay dentro. Como resultado, el documento se ve exactamente igual incluso en un ordenador donde la fuente no está instalada en absoluto.

Este es el fundamento técnico de la promesa del PDF de que «se ve igual en todas partes». Esa promesa solo se cumple si las fuentes están realmente incrustadas; un PDF sin incrustación sigue arrastrando la misma fragilidad que el documento de Word. De hecho, la mayoría de los casos de «incluso en PDF se veía mal» que se dan en la práctica son PDF sin incrustación.

Incrustación completa e incrustación por subconjunto

La incrustación tiene dos formas habituales, y la diferencia entre ellas se manifiesta en el tamaño del archivo.

La incrustación completa coloca en el archivo todo el juego de caracteres de la fuente. Una fuente puede contener miles de caracteres que abarcan el alfabeto latino, el cirílico, letras griegas, símbolos matemáticos y signos de puntuación. Aunque tu documento utilice solo el uno por ciento de ellos, todos entran en el archivo.

La incrustación por subconjunto toma solo los caracteres que aparecen realmente en el documento. Si has escrito un texto en español y nunca has usado una letra cirílica, los caracteres cirílicos no se colocan en el archivo. Esto reduce notablemente el tamaño, sobre todo en documentos que emplean muchas fuentes distintas.

Visualmente no hay ninguna diferencia entre ambas: el documento se ve correcto en los dos casos. El único inconveniente práctico del subconjunto es que, si más adelante intentas editar texto en ese PDF, puedes encontrarte con un problema al escribir un carácter que no está en el archivo. Como el PDF no es de todos modos un formato pensado para editar, esta es una limitación teórica para la mayoría de los usuarios.

Entonces, ¿qué puede salir mal?

Siendo honestos, la incrustación no siempre está garantizada.

Restricciones de licencia. Dentro de los archivos de fuente hay un indicador que señala si esa fuente puede incrustarse en documentos. Algunas fuentes comerciales están marcadas como no permitidas. Si has usado una de ellas, la incrustación se omite durante la conversión y entra en juego la sustitución. Esto ocurre en silencio; no se te muestra ninguna advertencia.

Fuentes ausentes del sistema. Si la conversión no se realiza en tu ordenador sino en un servidor, puede que la fuente especial que usaste tampoco esté instalada allí. En ese caso no hay nada que incrustar; la sustitución ya ha ocurrido en la fase de conversión y el PDF queda fijado en su estado sustituido.

Este segundo punto es importante porque a menudo se malinterpreta: convertir a PDF no recupera una fuente que se ha perdido. Si la fuente no está en el momento de la conversión, el PDF hace permanente ese aspecto deteriorado. Por eso, si usas una fuente poco común, lo más seguro es realizar la conversión en tu propio ordenador, donde la fuente está instalada, y compartir el resultado.

Qué hacer en la práctica

Prefiere fuentes muy extendidas. Usar en el cuerpo del texto fuentes presentes en todas partes, como Arial, Times New Roman o Calibri, elimina en gran medida el riesgo de sustitución. Si la identidad corporativa exige una fuente especial, limitarla a los títulos reduce el daño.

Comprueba el resultado en otro dispositivo. En tu ordenador todo se ve correcto, porque la fuente está instalada allí. La prueba real consiste en abrir el PDF en tu teléfono o en otro ordenador. Si los saltos de línea y los números de página son idénticos, la incrustación ha funcionado.

Asume como normal el aumento de tamaño. La incrustación hace más grande el PDF. En un documento que use varias fuentes, ese aumento puede ser de unos cientos de kilobytes. Es un precio razonable para que el documento se vea correctamente en todas partes.

Ser consciente de este mecanismo al convertir tu documento de Word a PDF elimina la pregunta «¿por qué a mí se me ve bien y a él mal?» antes de que llegue a surgir.

El caso de los documentos de archivo

En documentos que se van a conservar durante años, la incrustación deja de ser una comodidad para convertirse en un requisito. Precisamente por eso el perfil de archivado PDF/A exige que las fuentes se incrusten. La lógica es sencilla: una fuente común hoy puede no estar disponible en ningún sistema dentro de veinte años. Un documento incrustado seguirá siendo legible entonces; uno sin incrustar se abrirá sustituido y con el diseño roto.

En documentos con valor de registro oficial, contratos o archivo corporativo a largo plazo, respetar esta distinción significa resolver hoy un problema que aparecería dentro de una década.

En resumen

Un documento de Word no lleva sus fuentes, solo sus nombres; por eso el mismo archivo puede verse distinto en ordenadores distintos. El PDF elimina esta dependencia incrustando la fuente dentro del archivo y garantizando que el documento se vea igual en todas partes. Sin embargo, la incrustación a veces no llega a producirse por restricciones de licencia o porque la fuente no está en el entorno de conversión. El enfoque más sólido es usar fuentes muy extendidas y comprobar una vez el resultado en un dispositivo donde la fuente no esté instalada.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa exactamente incrustar fuentes?

Incrustar significa que la información de trazado de los caracteres de las fuentes utilizadas en el documento se copia dentro del propio archivo PDF. En un PDF con fuentes incrustadas, el archivo lleva consigo todo lo necesario para dibujar el texto; da igual si esa fuente está instalada o no en el ordenador que lo abre. Un PDF sin incrustación, en cambio, guarda solo el nombre y las métricas de la fuente y deja el trazado al programa visor. Si ese programa no encuentra la fuente, sustituye por otra y el aspecto cambia.

¿Se pueden incrustar todas las fuentes?

Técnicamente la mayoría sí, pero las fuentes llevan sus propios indicadores de licencia. Algunas fuentes comerciales están marcadas como no permitidas para incrustarse en archivos; en ese caso la incrustación se omite durante la conversión y se sustituye por una fuente similar. Casi todas las fuentes de amplia distribución que vienen con Windows son incrustables. Esta restricción aparece con más frecuencia en fuentes gratuitas o de versión de prueba descargadas de internet.

¿Qué es la incrustación por subconjunto y en qué se diferencia de la completa?

En la incrustación por subconjunto solo se colocan en el archivo los caracteres que realmente se usan en el documento, no la fuente entera. Si un título emplea diez o quince letras, llevar una fuente con miles de caracteres es innecesario. El subconjunto reduce notablemente el tamaño del archivo y da exactamente el mismo resultado visual que la incrustación completa. Su único inconveniente es que, si más adelante quieres editar texto en ese PDF, puedes necesitar un carácter que no se incrustó.

¿Cómo sé si las fuentes de mi documento están incrustadas?

La mayoría de los visores de PDF tienen una pestaña de fuentes en la ventana de propiedades del archivo o del documento. Junto a cada fuente listada se indica si está incrustada y, en tal caso, si es un subconjunto. Una comprobación más práctica consiste en abrir el PDF en otro dispositivo donde las fuentes no estén instaladas, por ejemplo tu teléfono, y comparar el aspecto. Si las formas de las letras y los saltos de línea son idénticos, lo más probable es que la incrustación se haya hecho correctamente.

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